Monday, June 20, 2011

Testimonio

Ahora más que nunca tenemos que cuidar nuestro testimonio como cristianos.  Cuando el apóstol Pablo dijo en Gálatas 2:20: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí, él entendía que Cristo tenía que resaltar en su vida, mientras que su ‘yo’ tenía que menguar.  El ‘YO’ no predominaba en la vida del apóstol Pablo después de su conversión a Cristo. Juan el  Bautista dijo que era necesario que el menguara para que Cristo resaltara: “Es necesario que El crezca, y que yo disminuya” (Juan 3:30)- de igual manera el creyente.  La Escritura nos exhorta a dejar ciertas cosas, si afecta al hermano, por amor al evangelio y a ese hermano. Estos son tiempos donde vamos a predicar más el evangelio de Jesucristo por medio de nuestro testimonio.  La definición de testimonio es: ‘Lo que haces, hace tanto ruido que no me deja oír lo que dices’.  Basado en esto, podemos entender que nuestra conducta como cristiano habla mucho más que nuestras propias palabras.

El cristiano que ha tomado una decisión consciente de seguir a Cristo tiene que entender que hay sacrificios añadidos a esa decisión.  Jesús nos dijo que es necesario negarnos a nosotros mismo y llevar Su cruz si hemos de servirle: Y decía a todos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). Jesús dejo Su Gloria al lado del Padre para venir a la tierra a morir por la humanidad, así rescatándola de la muerte eterna, y brindándole el regalo de vida eterna al lado del Él y el Padre.

Cuando escribo que ahora más que nunca tenemos que cuidar nuestro testimonio, es debido a que el evangelio de Jesucristo está sufriendo ya que muchos estamos cediendo al pecado y testificando mal del poder del evangelio de cambiar vidas.  Hay muchos predicando el evangelio de Jesucristo, pero no están viviendo lo que predican. La Palabra nos dice en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?” Cuando La Palabra habla de frutos se refiere al producto, resultado, y podemos considerar también el testimonio. El señala el tipo de creyente que somos. El hermano Santiago nos dice que la fe sin obra está muerta (Santiago 2:14-26), así mismo el cristiano que no lleva frutos buenos de arrepentimiento.  

Analicemos como estamos viviendo nuestra vida. ¿Está esta testificando de Cristo y el poder de Su evangelio? Vamos a reflexionar en nuestro testimonio y que estamos diciendo con él. ¿Estamos diciendo que somos de Cristo, o estamos diciendo que no hemos tenido una conversión genuina? ¿Qué dicen los demás de ti? Jesús pregunto a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y le respondieron, diciendo: Unos, Juan el Bautista; y otros Elías; pero otros, uno de los profetas. El les preguntó de nuevo: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, le dijo*: Tú eres el Cristo (Marcos 8). No en vano esta ese pasaje en La Palabra. Con esto nos podemos dar cuenta que lo que dicen los demás, respeto a nuestra vida de creyente, y como vivimos el evangelio que predicamos, es muy importante para la expansión del mismo.
¡Seamos hacedores y no solo oidores ni lectores de La Palabra!

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