Wednesday, May 30, 2012

Sueños Desbaratados!



Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo (Filipenses 3:8)


¡Que hermosas palabras del apóstol Pablo! El lo considero todo porquería después que obtuvo el conocimiento del Redentor.  Pablo un hombre de conocimientos, riquezas, porte, elegancia renuncio a todo al tener un encuentro con el Salvador del mundo.  El reconoció que todo aquello fuera del conocimiento de Cristo era “basura.”  La experiencia del apóstol con el Salvador fue de manera extraordinaria lo cual impacto su vida desde ese momento. Pablo recibió un entendimiento del evangelio de Jesucristo que lo llevo abandonar su vida anterior, de lo que gozaba y poseía (privilegios, etc.), para dedicarse solo a llevar (predicar) a Cristo por todo los lugares el Espíritu Santo le permitió llegar…hasta el día de su muerte. El encuentro personal con Jesucristo cambio totalmente la vida del hombre para convertirlo en un apóstol del evangelio. Podemos escribir que los sueños de Pablo fueron desbaratados al conocer al ¡Cristo de la gloria!

¡Que bueno seria si nuestros planes para la vida y sueños para el futuro fueran estorbados y desbaratados al conocimiento de Cristo! Cuando conocemos el corazón del Salvador del mundo; Su sentir por la humanidad, al punto que dio Su vida por ella, consideramos todo demás indigno de adorar o afanarse.  A veces nos preguntamos, ¿Cómo es que esa persona dejo todo y se fue a las misiones o a evangelizar? La repuesta es que conoció el corazón del Maestro y se enamoro de El de tal manera que todo lo demás lo contemplo sin valor.  Como dice el Salmo 73:25 ¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra. ¡Tal sentir se convierte en el todo del que conoce el corazón de Cristo!

El salmista David no le importo que fuera un rey para danzar en medio del pueblo cuando el Arca fue llevada a Jerusalem. El Arca simbolizaba la misma ¡presencia de Dios! Por lo tanto, el no se avergonzó como rey, solo le importo que la presencia de Dios estaba en medio del pueblo y en Jerusalem.  David fue identificado por el mismo Dios como un hombre “conforme” a Su corazón. Que maravilloso seria si el mismo Cristo nos identificara como uno que conoce Su corazón. Conocer el corazón de Cristo debe ser el anhelo de todo cristiano. Que nuestros sueños sean desbaratados por Cristo es lo que debemos aspirar. Poder entender Su corazón y comprender Sus deseos y sueños para nosotros.  ¡Sus planes y sueños para nosotros son perfectos y traen gozo y alegría a nuestro corazón!

¡Seamos sabios y pidámosle al Espíritu Santo que desbarate nuestros sueños!

Saturday, May 26, 2012

“Lo Que Es Nacido De Dios No Pecca”

                                                                            
I Juan 5:18 es un versículo que ha sido comentado por muchos comentaristas-eruditos bíblicos y teólogos. Entre los mismos comentaristas existen diferentes perspectivas al respeto. Algunas versiones Bíblicas y las más contemporáneas (ej. Biblia de Referencia Thompson-VRVR60) escribe este verso de la siguiente manera: “Sabemos que todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado….” Todos sabemos que mientras más traducciones existen, más se altera la original. La Palabra nos dice “Todo lo que es nacido de Dios vence el mundo…” (1 Juan 5:4). La Palabra es clara con respeto a las características de Dios, El cual es Santo, Santo, Santo. Nos instituye además que sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). El apóstol Juan, siendo el que más enfatiza nuestra identidad como ‘Nacido de Dios/Hijo de Dios’, nos clarifica la diferencia entre el Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo. El nos dice que todo aquel que permanece en El (en Cristo), no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido (1 Juan 3:6). El que peca es del diablo….todo aquel que es nacido de Dios, no peca, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios (v.9). Como podemos observar y leer en Las Sagradas Escrituras, el apóstol Juan hace énfasis acerca de lo mismo en diferentes capítulos y versículos. Con esto podemos deducir que el apóstol buscaba resaltar la importancia de  esta frase y mensaje, insistiendo que lo que es nacido de Dios no puede pecar.

Muchos creyentes no pueden percibir ni recibir el concepto de ‘no peca’ porque lo están tratando de entender en su propio razonamiento. Cuando vivimos en el Espíritu podemos entender las cosas espiritualmente. Por lo tanto, un creyente que no vive en el Espíritu, no podrá discernir lo espiritual de este pasaje Bíblico. Si hemos nacido de Cristo somos nacidos de Dios y si decimos ser nacidos de Dios, no podemos pecar. Entonces, ¿por qué pecamos? La Palabra nos dice que todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. ¿Por qué somos arrastrados por los deleites del mundo? Quizás porque el Señor no es realmente quien reina en nuestra vida. Mientras el YO tenga dominio sobre nosotros, vamos de seguro a pecar. Cuando podamos decir lo que dijo el apóstol Pablo “ya no vivo YO más Cristo vive en mí”, entonces habremos alcanzado la madurez para vencer al mundo y sus deleites. Mientras tanto, vamos a ser esclavos y no hijos.

Muchos han creído y confesado a Jesucristo sólo de labios pero su corazón está lejos de Dios. Romanos 10:9 enfatiza la necesidad de creer con el corazón para justicia. La Palabra nos manda a discernir los espíritus porque muchos espíritus son engañadores. Muchos confiesan a Cristo de boca para cumplir con una promesa hecha a alguien por emoción o por manipulación.  Lamentablemente, para su propia perdición, sus corazones no están conectados con la confesión. Por consiguiente, sus frutos rebelan lo que en realidad son y no hubo convicción en la declaración de fe. Arrepentimiento significa cambio de vida. Por lo tanto, si una persona que ha confesado a Cristo sigue viviendo su vida de la misma manera, es una evidencia que no hubo convicción en él.

Para poder vivir una vida en santidad, como Dios nos demanda, es necesario vivir en el Espíritu. Debemos tener una experiencia personal con Cristo. El apóstol Juan en su primera epístola nos habla de la experiencia personal que tuvo con Cristo y dice “Yo le vi, yo le sentí, le oí, le toqué”. Sin una experiencia personal con Cristo, sin comunión con Cristo, sin unidad con El, sin El habitando en nosotros y nosotros en El, nunca podremos vencer el mundo con sus tentaciones. Si permitimos que el alma gobierne al espíritu, estaremos siempre a riesgo de pecar. Lo contrario, cuando el espíritu es quien reina nuestra vida, no vamos a caer en el pecado. Jesús decía que en los negocios de su Padre le era necesario estar. ¡Cuanto más nosotros debemos estar en los negocios de nuestro Rey para no caer en tentaciones y pecar! Cristo es nuestro refugio, nuestro escudo, nuestra defensa, nuestro escondite, nuestra fortaleza y nuestro ayudador divino. En El tenemos providencia protectora. En su Nombre hay poder para hollar a nuestro adversario el diablo. En Apocalipsis 3:21 el Señor nos recuerda que al que venciere se sentará con El en Su trono, así como El venció y está sentado con el Padre en su trono. Apocalipsis está lleno de promesas divinas para el que venciere al mundo. Así que nuestra meta es vencer usando las armaduras y haciendo uso de la autoridad y potestad que Jesucristo nos dejó y nos dio para vencer al mundo con sus tentaciones. Por eso debemos estar en la presencia de Dios todo el tiempo, andando en el Espíritu. Cuando le damos el merecido lugar a Dios en nuestra vida, como nuestro Señor, Su presencia nos fortalece para resistir la tentación.

Uno de los que decidió no contaminarse fue Daniel. Muchos dirían que él decidió no contaminarse específicamente con la comida del rey. Si lo miramos en un sentido espiritual, no contaminarse con la comida del rey seria lo mismo que no contaminarse con la comida del mundo. Son diferentes comidas, pero el efecto es el mismo – abominación a Dios. José fue otro que decidió no pecar. En Génesis 39:9 podemos leer el pasaje donde José contiende con la esposa de Potifar porque ella quiere que José traicione a Potifar acostándose con ella. Observamos la respuesta de José en la ultima parte del versículo cuando le responde “… ¿como pues haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?” José no dijo pecaría contra Potifar, sino contra Dios. Así hay otros ejemplos en las Escrituras donde otros siervos de Dios prefirieron enfrentarse a la muerte que pecar contra las ordenanzas de Dios. ¡Cuanto más nosotros, la iglesia de Jesucristo, que tenemos con nosotros el Espíritu Santo que nos fortalece! Al igual que aquellos en la antigüedad, debemos tomar la decisión de no contaminarnos con el mundo, de no violar las ordenanzas de Dios. Nuestros hermanos en la antigüedad también vivían en un mundo de corrupción, un mundo que le ofrecía tentaciones y que promovía el deleite carnal (ej. Sodoma y Gomorra). Ellos no fueron diferentes a nosotros.  La diferencia entre ellos y nosotros es que ellos DECIDIERON en su CORAZON servir a Jehová en espíritu y en verdad. Cuando le servimos a Dios en espíritu y en verdad, el Espíritu Santo nos fortalece para mantenernos limpios delante de Dios y no violar sus estatutos.

Muchos se amparan en lo que dice las escrituras de que no hay aun uno que no haya pecado, no hay justo, ni aun uno (Romanos 3:9-18) para cometer sus transgresiones. Es cierto que todos hemos pecado. Pecado es toda transgresión contra las ordenanzas de Dios. Un ejemplo de esto lo tenemos en Moisés.  Moisés, quien según Las Escrituras conoció a Dios cara a cara (Deuteronomio 34:10) y trató de santificar a Dios todo el tiempo de su trayectoria con el pueblo de Dios. En un momento de ira, al final de su trayectoria no santificó a Dios haciendo lo contrario a lo que Dios le ordenó. El no santificar a Dios es una desobediencia, por lo tanto Moisés no entró a la tierra prometida (Deuteronomio 32:51). Por eso es necesario el dominio propio para no pecar.  Al pecado original sólo la sangre de Cristo lo puede vencer. Esa naturaleza pecaminosa que nos dominaba, ahora puede ser aniquilada por la sangre de Cristo.  Gracias le damos a Dios por nuestro Señor Jesucristo, que nos libró del pecado universal y nos transportó con El, en Su resurrección, a una nueva vida en El, una vida en la cual el pecado no tiene ya dominio. Lamentablemente, muchos abusan de la gracia de Dios y siguen cometiendo transgresiones. El apóstol Pablo en Romanos 6:1 nos dice “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. ¿Por qué los que hemos muerto al pecado, como viviremos aun en él? (v.2). Eso es lo que hacen muchos en este tiempo, abusar de la gracia de Dios para continuar pecando. El apóstol Pablo nos recuerda que hemos muerto con Cristo al pecado y que somos hombre nuevo en El por medio de Su resurrección.  Así también nosotros andemos en vida nueva (v.4), sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (v.6). No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” (v.12). El apóstol nos exhorta a “no presentéis vuestro miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”  En su primera carta a los Corintios él les expresa que deben tener dominio propio ante el apetito de la carne y el deseo de lascivia, ya que todas las cosas son lícitas, más no todas convienen (6:1ª) porque estamos unidos con Cristo. El cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor (6:13).  Nuestros cuerpos son miembros de Cristo y no del pecado. Somos templo del Espíritu Santo (6:19). Entonces, siendo miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo, ¿cómo pues pervertiremos nuestros miembros y el templo para contaminarlo con nuestras transgresiones? Somos propiedad divina, templos espirituales, por lo tanto debemos glorificar a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu. Dios nos ha provisto todas las armaduras para resistir “en el día malo” (Efesios 6:13) y así no contaminarnos en y con el mundo. Las Sagradas Escrituras nos dicen que “el pueblo perece por falta de conocimiento”. Por consiguiente, si queremos conocer como mantenernos en santidad delante de Dios, debemos leer lo que nos dice La Biblia al respecto. Nos gusta leer comentarios bíblicos y libros escritos por hombres para motivarnos, pero que mejor que la misma Palabra de Dios para conocer los secretos de El.

1 Juan 5:18 ha sido extensamente comentado debido a su valioso contenido. Muchos han dado su opinión respecto al versículo, mientras otros, eruditos de la Palabra, han dado su propia interpretación. Es un versículo de mucha discusión debido a su importancia y significado para el vivir cristiano. El apóstol Juan le habla a la iglesia y nos incita a guardarnos para no pecar. Nos presenta el carácter de Dios, el conocimiento personal de Cristo y como ese conocimiento nos constriña a vivir en santidad.


Algunos de los comentarios sobre este versículo bíblico hecho por algunos eruditos de la Palabra son:

1.       El comentarista  John Wesley explica 1 Juan 5:18 de la siguiente manera:

Sin embargo esto no es para que nos motivemos a pecar.  En lo contrario, esta es una indiscutible verdad, aquel que es nacido de Dios - que mira y ama a Dios. No peca – mientras que esa venerada fe permanece en él, él no habla ni hace nada que Dios ha prohibido. El se mantiene en oración y mientras él hace esto, el malvado no lo toca – para dañarlo.


2.       Mathew Henry comenta acerca del versículo usando la Nueva Versión Internacional:

“Sabemos que el que es nacido–el que ha sido engendrado-de Dios no continua entregado al pecado-no peca, en presente de indicativo; el que fue engendrado de Dios le preserva, y el Maligno no le puede echar mano” (NVI). Juan vuelve aquí a unos de sus temas favoritos: el que ha nacido de nuevo posee una nueva naturaleza, la naturaleza divina, pues has nacido de Dios y, por tanto, no puede continuar habitualmente entregado al pecado. En cuanto a la segunda frase el que ha sido engendrado de Dios se cuida de no pecar-con la gracia de Dios, por supuesto. En efecto, el diablo puede tocar – como en el caso de Job- al creyente, pero no lo puede sujetar, retener ni llevárselo. 


3.       El Dr. Constable nos dice acerca del versículo:

Juan afirma que la naturaleza básica de uno que tiene a Dios como su Padre espiritual no es la pecadora. Por otra parte debido a que el nuevo hombre en Cristo posee la naturaleza sin pecado de Cristo, Juan podría decir que Cristo lo mantiene alejado del pecado. Además, Satanás no puede tocarlo. Evidentemente Juan repite esta verdad fundamental debido a que la gente siempre se comporta en armonía con lo que ellos creen que son.  Nuestro comportamiento como cristianos será más santo cuando nos veamos a nosotros mismos como hijos de Dios en vez de como hijos del maligno. 


Estos y otros eruditos de la Palabra expresan su propia opinión del versículo. La interpretación bíblica por el hombre, es la que ha contribuido a todas las diferentes denominaciones. Incluso, en el pueblo cristiano, la iglesia de Jesucristo, existen divisiones debido a las interpretaciones que le damos a los pasajes bíblicos. El único que puede dar iluminaciones y revelaciones de una Palabra o pasaje es su intérprete.  El único que puede rebelar la esencia del escrito es su autor.  En La Biblia, es El Padre. El Padre, mediante el Espíritu Santo y a quien El le place, da iluminación de Su Palabra “para la edificación de la iglesia”. La iluminación de Dios nunca confunde ni trae divisiones. El hombre, en su propio entendimiento es quien entorpece lo de Dios. La Palabra de Dios debe ser lámpara a nuestros pies (Salmo 119:105). Dios desea que leamos Su Palabra en el espíritu para que podamos entenderla. Si la leemos con el entendimiento nunca podremos entenderla. La Palabra de Dios no es de interpretación privada. Dios se ha rebelado a Su pueblo por medio de ella. En ella esta la verdad de Dios. El que quiere conocer a Dios debe leer Su Palabra diariamente. Ella no trae confusión al creyente, pero debemos pedirle, humildemente, al Padre que nos rebele lo escrito para nuestra edificación y libertad. El Señor dice que conoceréis la verdad, y la verdad te hará libre”. La Biblia habla claramente quien es esa verdad, Jesucristo, el Hijo de Dios.

El apóstol Juan nos insiste a tener comunión con Dios para no practicar el pecado. Diferentes versiones bíblicas escriben el pasaje de 1 Juan 5:18 de diferente forma. Sin embargo, todas tienen en común el que aquel que ha nacido de Dios, no peca o no practica el pecado. Aquel que ha creído que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios (1 Juan 5:1). Cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, de inmediato adquirimos la naturaleza divina, la cual nos va ayudar a no pecar. Para eso es necesario tener intimidad con Dios. En la intimidad, nos envolvemos tanto en trabajar para El, que el mundo con sus deseos, no nos atrae más. Jesús estaba envuelto en los negocios de Su Padre, “en los negocios de mi Padre me he necesario estar”, dijo Jesús. Nosotros también nos he necesario estar en los negocios de nuestro Padre para no transgredir las ordenanzas de Dios.

Podría afirmar que ningún creyente desea infringir las ordenanzas de Dios. Firmemente creo que todo creyente que viene a Cristo desea servirle en espíritu y en verdad, tener una íntima relación con El. Me atrevo a declarar que cualquier creyente que lee el versículo de 1 Juan 5:18 se constriñe y a lo mejor pensaría que no es hijo de Dios porque aun es esclavo del pecado. Si el versículo te redarguye estás en el sentir de Dios. Dios desea que Su pueblo se interese por lo que a El le interesa, la santidad y andar en santidad. Sería muy fácil para nosotros, los creyentes, aceptar el concepto de salvos siempre salvos y darle rienda suelta a la carne. Lamentablemente no es así.  Hay un precio que pagar si queremos vivir en santidad. Ese precio es morir a nosotros para que Cristo viva en nosotros. Cuando Cristo vive en nosotros y es quien domina nuestro vivir, no vamos a servir al pecado. Cristo nos guarda del maligno y nos protege contra las acechanzas de Satanás.  Pero, ¿qué estamos haciendo nosotros? ¿Estamos envueltos en las cosas de Cristo o simplemente estamos jugando a ser cristianos? ¿Servimos a Cristo porque le amamos o por conveniencia? En nosotros esta el contestar estas preguntas. Tal vez en las respuestas a estas preguntas descubriremos porque aún somos esclavos del pecado cuando Cristo nos libertó de el, quitándole todo dominio sobre nosotros. De algo estoy segura, que 1 Juan 5:18 me dice: “Sabemos que el que es nacido de Dios, no practica el pecado” (RV60).

Thursday, May 24, 2012

Honor a Tu Tribu




Cuando leemos de las doce tribus de Israel y las palabras profetizadas por su padre Jacob antes de morir sobre cada uno de ellos (Génesis 49-50), podemos concluir cual seria su futuro, o mejor dicho que se esperaría de cada tribu como contribuidor en la nación de Israel.  Jacob les bendijo de acuerdo a lo que ejecutarían como tribu en la nación de Israel. Jacob llamó a sus hijos y les dijo: "Reúnanse, que voy a declararles lo que les va a suceder en el futuro” (Gen 49:1). Debido a su particularidad/carácter cada tribu recibió la honra de la bendición de su padre Jacob (Israel). Esta bendición o decreto sobre sus hijos marco la existencia de cada tribu. Cada hijo de Jacob (Israel) constituía una tribu (Rubén - Benjamin).  

Cada tribu tenía su representación. Su carácter los identificaba para el trabajo que ejercerían en la nación de Israel. Por ejemplo, la  tribu de Levi serviría en la casa de Jehová en diferentes ángulos. La tribu de Judá se identificaba como guerreros, por lo tanto iría delante en todas las guerras/batallas. Otros fueron identificados como constructores, marineros, etc. Cada tribu representaba un área de trabajo y talento para mantener la nación de Israel completa. Pero, ¿que hubiese sucedido en vez de aceptar quienes eran en la nación y para que habían sido llamados  hubiesen peleados entre si porque el uno quería la bendición o trabajo/talento del otro? ¿Hubiese sido la tribu de Judá efectiva si hubiese hecho el trabajo de Levi, solo porque así lo deseaba? Y no estamos hablando de poder hacer el trabajo, si no de su efectividad en hacerlo. Pero aun más importante, ¿hubiera Judá agradado a Jehová o a su padre Jacob?

En muchas ocasiones hacemos lo que creemos le agradaría a Dios, pero no hacemos lo que Dios dice que hagamos. A veces nos creemos que somos los únicos que podemos hacer cierto trabajo, aun cuando sabemos otras personas han sido enviadas hacerlo. Creemos, porque tenemos cierta educación o grado secular o ministerial, somos los más indicados para hacer algún trabajo o proyecto, a sabiendas que otras personas tienen el talento, quizás no la educación ni el grado, pero si el talento de hacerlo. Cuando estamos en el lugar que Dios no nos ha enviado, nos damos cuenta que conflictos, frustraciones, enemistades surgen. Aunque se observa bonito, si Dios no nos ha enviado, no debemos hacer altar en ese lugar. En ocasiones hacemos altares en lugares que Dios no nos envía, y causamos más complicaciones/danos que bendiciones. Hay altares que edificamos en ciertos lugares, donde Dios no nos ha dado el permiso fundar (Ej. Jeroboam – 2 Reyes ). Por lo tanto, nuestro trabajo no es efectivo ya que no es agradable a Dios. Aunque creemos estamos haciendo lo que a Dios le agrada, estamos en desobediencia porque Dios no nos ha enviado. ¿Para que hacer lo que le encomendaron a la tribu de Judá si eres de la tribu de Levi? ¿Si Dios te llamo al evangelismo, para que quieres ser pastor?

Dios nos creo únicos para hacer trabajos únicos. Dios ha bendecido nuestra vida para ejecutar proyectos específicos.  Ha decretado preexistencia en cada uno de nosotros para un trabajo preciso, especial, concreto para el Reino. Cuando estamos fuera de ese circulo, no somos completamente efectivos ni apreciados. Dios levanta personas humildes, pero con alta unción, y queremos sacarlos o minimizarlos porque no tienen las condiciones o cualificaciones consideramos se necesitan para ejercer lo que hacen. ¿Quienes somos nosotros para determinar quien tiene o no la unción del Padre para ejercer ciertos proyectos, trabajos? Tomemos ejemplo en los discípulos de Jesucristo, quienes eran, antes de considerar a alguien por su estatus social, educativo, familiar. El estatus no es lo que da la unción para ejercer un trabajo, ¡es el Padre de los cielos!

Pidámosle al Señor de los talentos que nos plante en el centro de Su voluntad. Que nos sitúe en el lugar donde El desea estemos para ser completamente efectivos, así poder bendecir y ser bendecidos. Roguémosle al Padre que nos revele el lugar y trabajo para el cual fuimos bendecidos, decretados, creados y diseñados. Cuando entremos a ese lugar y fundemos un altar, veremos como Su presencia consumirá los sacrificios le ofrecemos porque ¡estaremos en el centro de Su voluntad! ¡Cuidado donde estamos en este momento…puede que no estemos en el lugar (congregación) nuestro Señor desea que estemos sirviendo!

Quédate en la tribu que fuiste bendecido. Si en la de Judá, no desees ser ni cambiarte a  la tribu de Levi. Si naciste en una país/nación, no quieras ni desees ser de otra. Si fuiste llamado a pastorear, no quieras ser misionero.

Busca tu propósito en tu Creador. Solo  El puede decirte para que te haya creado y diseñado. Y cuando entres a esa precisión, entones ejecutaras un trabajo completamente eficaz; podrás bendecir y ser bendecido, pero sobre todo…serás ¡obediente al llamado para el cual Dios te creo!

Tuesday, May 8, 2012

Encontrando Tú Propósito


Solo cuando entendemos el propósito por el cual fuimos creado tendremos paz. El propósito divino en nosotros nos mantiene con la mira puesta en El. Toda nuestra energía estará enfocada en el propósito para el cual fuimos enviados a la tierra. Somos creación y diseño Suyo. Hemos sido diseñados para una obra específica en el Reino y para el Reino. Considero que así como en el Antiguo Testamento existieron “instrumentos” de “honra” y de “juicio” de igual manera en este tiempo Dios ha separado y predestinado instrumentos para mostrar Su juicio y Su gloria. Pero solamente cuando ese propósito sea revelado se abrirán nuestros ojos y entenderemos la razón de nuestro vivir. Entonces podremos decir que tenemos verdadera paz en medio de la tormenta. Esa paz de la cual habla La Escritura “que sobrepasa todo entendimiento.”

Vemos mucha gente buscando como satisfacer sus vacios. Incluso creyentes que dicen Cristo es su todo. Pero sin embargo viven una vida amargada, depresiva, sin el gozo de la salvación. El motivo es el mismo. Ellos no han encontrado, o no se le ha revelado el propósito divino para su vida. Hay un propósito general Jesús le dejo a la iglesia “id por todo el mundo y predicad el evangelio.” Este no es el propósito al cual me refiero. Hay un propósito individual/personal por el cual el Padre nos creo y nos envió a la tierra. Hasta que ese plan divino no se sea revelado y entendido estaremos en busca de “ese” algo que satisfaga nuestro vacio.

Dediquemos tiempo con el Señor para que El nos revele el propósito individual para nuestra vida, y así poder vivir en la tierra de una manera fructífera.

¡El fruto de nuestra existencia se manifestara solo cuando hayamos recibido la revelación divina de nuestro propósito en la tierra!   

Beneficios de la Tribulación

La tribulación es la aflicción, pena o congoja que padece quien ha pasado o está pasando por un evento desafortunado. La tribulación puede...