Monday, July 7, 2014

Discípulo de Jesucristo

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz, del que trae las buenas nuevas de gozo, del que anuncia la salvación, y dice a Sion: Tu Dios reina! (Isaías 52:7)

…¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio de la paz, de los que anuncian el Evangelio de lo que es bueno! (Romanos 10:15)

Dentro del cristianismo existen distintas variantes. Están los fanáticos, los religiosos, los libertinos/modernos, los seguidores y los discípulos. La parábola del Sembrador notablemente simplifica estos diferentes tipos de cristianos (Mateo 13). También en Mateo 7:15-19 se presenta un cuadro o símil de aquellos que dicen ser y no son; de las ovejas vs las cabras del Reino (Mateo 25 31:46), pero a la misma vez muestra un ejemplar de aquellos que agradan el Reino Celestial.
El fanatismo no permite profundizar en lo del Reino. La religiosidad no permite disfrutar el Reino. El libertinaje y modernismo altera el orden del Reino y su santidad. Los que siguen tienen una agenda personal y carecen de relación personal. En cambio los discípulos, estos buscan engrandecer y edificar el Reino. La vida del discípulo agrada al Padre ya que  busca lo de arriba y se preocupa por vivir una vida en obediencia y santidad. El discípulo donde llega representa a su Creador y Salvador; este no contriste al Espíritu Santo utilizando su cuerpo para inmundicia. Este lleva consigo el Evangelio de la Paz, del Gozo y Libertad. El discípulo no tiene tiempo para envolverse en conflictos teológicos, ideas personales (ideologías), chismes, contiendas, pasatiempos irresponsables (sin frutos), su enfoque es siempre el Reino, como engrandecerlo y hacer que otros se enamoren de él (Reino/Jesucristo) y quieran entrar y ser parte.
El Antiguo Testamento (AT) muestra historias de personas que anhelaban la visita de un profeta. Algunos deseaban construir recamaras extras para cuando el profeta pasara por su ciudad tuviera lugar donde pasar la noche o descansar de su viaje. La visita de un profeta se consideraba como una visitación divina. Un profeta siempre dejaba bendición donde plantaba sus pies (al menos que anduviera en una encomienda divina de juicio).
La visita de un discípulo de Jesucristo debiera ser siempre de anhelo, ya que este lleva y deja bendición donde planta sus pies. A veces es necesario que este lleve un mensaje de juicio/alerta, que al final sabemos es para restauración; aun así es una bendición. El libro de los Hechos muestra varios relatos donde los discípulos eran anhelados y deseados su visita. Había gozo cuando estos llegaban a una aldea, ciudad, los esperaban con gozo y alegría. Eran conocidos como hombres que llevaban buenas nuevas. Donde ellos llegaban surgían milagros y traían gozo a los residentes. Los discípulos aprovechaban el tiempo para hablar del Evangelio de Jesucristo y del Reino Celestial. Solo hablaban de lo que traían en su corazón: el Evangelio de la Paz. El discípulo de Jesucristo, guiado por el Espíritu Santo, se esfuerza en convencer al hombre de “Pecado” de “Justicia” y de “Juicio” para que el nuevo creyente reciba a plenitud los bienes del Evangelio de Jesucristo (Juan 16:7-11); del Reino Celestial. Compartir a Jesucristo es el mejor regalo podemos obsequiar, y eso es lo que precisamente hace un discípulo, comparte la libertad, gozo y paz ha recibido por medio del conocimiento de Jesucristo y Su Evangelio.
Es de suma importancia, me atrevo a decir de vida o muerte, el identificar a cuál de estos variantes perteneces tú que estás leyendo este artículo. En Dios no hay casualidades, si estás leyendo este artículo es porque el Padre desea que medites en tu caminar cristiano. El anhelo del Hijo es que TODOS entremos a reinar con El; que TODOS se salven y vengan al arrepentimiento. Pero la Biblia es muy clara cuando habla de “los de la derecha y de la izquierda.” Al final del siglo, los Ángeles separaran la cizaña del trigo ¡esa es la realidad! (Mateo 13:30 y 49). Jesús te está llamando a ser Su discípulo. Dile si a tu Salvador, acepta el reto.
¡Atrévete a ser un discípulo!


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