Monday, August 15, 2011

Vestimenta Digna

Además, de la tela azul, púrpura y escarlata hicieron vestiduras finamente tejidas para ministrar en el lugar santo, y también hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, tal como el SEÑOR había mandado a Moisés (Éxodo 39:1).


En este tiempo muchos cristianos han perdido la alegría y emoción de ir y llegar a la casa de Dios.  Al principio de su conversión al evangelio, prepararse para ir y llegar a la casa de Dios parecía como si fueran a una fiesta de alto lujo. Sacaban la ropa la noche anterior, buscaban lo mejor para vestir. Dejaban la vestimenta lista la noche anterior. Ponían la alarma para levantarse temprano asegurándose que estarían temprano en el servicio para aprovechar todo el servicio. Había gozo y alegría en nuestro corazón el saber que íbamos a la casa de Dios. Había un reconocimiento a dónde íbamos, por lo tanto vestíamos de acuerdo al lugar. Reconocíamos que era un lugar donde moraba la presencia de Dios y por consiguiente, un lugar santo. Un lugar que se le debía dar honor y reverencia. Lo demostrábamos en mayor parte con nuestra vestimenta.

Es cierto que los tiempos cambian (esto es inevitable). Este proceso nos lleva a tomar medidas y soluciones diferentes para adaptarnos a esos cambios.  Aún así, entendemos que nuestro Dios es inmutable, El no cambia. Por lo tanto, los mismos principios morales y la misma santidad que El pedía de Su pueblo no han cambiado. La iglesia de Jesucristo está gobernada por los principios bíblicos, no por los cambios sociales. Si Dios hubiese querido que Su pueblo se ligara a las naciones a las cuales iban a conquistar, y siguieran sus leyes, cultura, y dioses, El no le hubiera dicho, estrictamente, que “no se contaminaran” con ellas (las naciones). Dios advirtió a Su pueblo de las consecuencias que le vendrían si ellos (Su pueblo) adoptaban las leyes, cultura, y dioses de esas naciones. Dios es el mismo ayer, hoy, y siempre.


En 1 Timoteo 2:9-10 el apóstol Pablo exhorta a la mujer cristiana a vestirse con honra.  El apóstol se dirigió primariamente a la mujer porque ella posee atributos, que si expuestos, pueden causar trastornos al varón.  Desde el principio, La Escritura habla de cómo debe vestirse el sacerdote.  En Éxodo 28:2 la Escritura nos dice: Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura. Leyendo más adelante vemos que El mismo Dios diseño las vestimentas del sacerdote (Éxodo 28:29). ¿No cree usted entonces que para Dios la vestimenta es de suma importancia? 1 Pedro 2:9 dice de nosotros: Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Con esto en mente, y en nuestro corazón, debemos entender que ¡a Dios si le importa cómo nos vestimos! especialmente cuando vamos al santuario.
 
El comentarista Mathew Henry escribe: el hombre religioso tiene que asegurarse que su comportamiento responde a su profesión. Porque hay muchos hombres malvados observando las vidas del profesor de religión (traducido al español). Si profesamos ser cristianos, debemos comportarnos como tal.


Muchos se refugian en el versículo de 1 Pedro 3:3-4 donde La Biblia nos habla de que vuestro adorno no sea externo sino interno (parafraseado), para vestirse como le place.  Le dan la interpretación que le conviene, así  andando en su propio entendimiento, justificando su forma de vestir. El apóstol Pedro nos exhorta a ejercitar el alma, embelleciéndola con pureza y humildad.  A la misma vez, debemos vestir nuestro cuerpo, todo el tiempo, con prudencia. Más aun vestirnos con honor cuando vamos al santuario.


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