Id
a las ovejas perdidas de Israel
Mateo 10:5
“A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones,
diciendo: Por camino de Gentiles no vayáis, y en ciudad de Samaritanos no
entréis, 6 sino id antes a
las ovejas perdidas de la casa de Israel.”
Jesús vino al mundo con el
propósito de restaurar a Israel (Mateo 10) y por medio de ellos atraer a todas
las naciones, pero Israel no discernió la visita del Mesías, del Cual hablaron los
profetas. Juan 1 del 11-13 expresa: 11 “A lo suyo vino, y los suyos no le
recibieron. 12 Mas
a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios; 13 los
cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de
varón, sino de Dios.” Ejemplo de esto lo podemos observar en la escena
de Mateo 15:21-28, cuando la madre cananea le pidió ayuda para su hija, la respuesta
de Jesús causa impresión: 21 “ Saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de
Sidón. 22 Entonces una mujer cananea que había
salido de aquella región, comenzó a gritar: «Señor, Hijo de David, ten
misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada». 23 Pero
Él no le contestó nada. Y acercándose Sus discípulos, le rogaban: «Atiéndela,
pues viene gritando tras nosotros». 24 Y Jesús
respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas
perdidas de la casa de Israel». 25 Pero acercándose ella, se
postró ante Él, diciendo: «¡Señor, ayúdame!». 26 Y
Él le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí,
Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus
amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh
mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde
aquella hora.” El rechazo de los judíos accedió paso inmediato a
los paganos (gentiles). Jesús, el Unigénito
Hijo de Dios, el Mesías prometido vino a restablecer la relación del hombre con
Dios, la cual se perdió en el Huerto del Edén. Lucas 19:10 dice:
10 “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a
salvar lo que se había perdido.”
Aún existen muchos hijos pródigos
que necesitan regresar a Dios (el Dios de Abraham…) y conocer de Jesucristo. La
mayoría de misioneros se han enfocado en predicar a los Gentiles (no judío),
pero Estos (Israelitas) también necesitan saber del Cristo. Ese Mesías prometido
que vino a Ellos, pero que ellos no lo recibieron. Su religiosidad, percepción,
y obstinación le cubrió el entendimiento, y no percibieron el tiempo. Mateo relata
uno de los comentarios que el pueblo hacía ¿No es Este el Hijo del
carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo[a],
José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas Sus
hermanas con nosotros? ¿Dónde, pues, obtuvo Este todas estas cosas?».57 Y
se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin
honra, sino en su propia tierra y en su casa» (Mateo 13:55-57). Lamentablemente, muchas veces la religión
(Las Leyes, Doctrinas) entorpecen el entendimiento e impiden que veamos al
Cristo y la manifestación de Su presencia en medio nuestro. De igual manera, la
falta de discernimiento nos impide ver el espíritu detrás de la persona o el
mensaje expuesto. Nunca en Israel, ni las ciudades vecinas, habían experimentado
tantos milagros ejecutado por una persona, aun así, no consideraron el tiempo
de la visitación del Mesías prometido.
Las Leyes y Doctrinas humanas
pueden entenebrecer el entendimiento y cegar la vista, impidiendo que discernamos
la visita del Espíritu Santo en las reuniones de los santos. Muchas veces
perdemos la sensibilidad al Espíritu por dogmas establecida por hombres,
juzgando si lo que sucede es de Dios o satán. Es necesario medir todo con la vara
de Las Escrituras y no dejarnos ir por fuentes contrarias. Cuando leemos y
estudiamos La Biblia, podemos adquirir sabiduría y discernimiento de lo que se
ensena.
Así como Jesús vino primeramente
a “los suyos” para restaurarlos, también la Iglesia deber primeramente
interesarse por los hijos pródigos que una vez fueron y ahora están alejados. Es
importante hacer esto sin dejar de hacer aquello (predicar el Evangelio a los
perdidos).
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