Saturday, April 20, 2013

Relación o Ministerio


  “Recibí a Jesús cuando El me hablo personalmente mediante una visión, que El era el Camino. Por los primeros seis meses estaba en una luna de miel con El, conociéndolo mediante la lectura Bíblica. Estaba emocionado con la relación personal que tenía con El hasta que me presentaron la perspectiva  de ser un discípulo. Al entrar al discipulado, nos considerábamos mejor que otros cristianos.  Ese orgullo nos motivo a comprometernos a ciertas disciplinas externas porque pensábamos que pertenecíamos a un grupo especial. El centro era el trabajo, no Jesús” (Jim DeGolyer).  Richard Dresselhaus en ‘Tiempo de Victoria’ nos advierte de no permitir que las presiones del ministerio nos alejen de la misión central de nuestra vida que es la de conocer a Dios íntimamente. “La prioridad de un ministro de Dios debe ser siempre su relación íntima con El, el deseo de conocerle y proclamarle”. Dressenlhaus nos exhorta a tener cuidado porque “Lo irónico es que podemos hacer cosas muy espirituales que están motivadas por el YO. Podemos dedicar todo nuestro tiempo a las actividades de la iglesia sacrificando  nuestra familia, sin pasar jamás tiempo con ellos. El YO quería sentirse importante. Podemos cantar en la iglesia y participar en el grupo de alabanza, pero desmayar al sentir el ataque del enemigo. El Yo quería ser visto por la gente.” Cuando permitimos que el YO domine, se pierde la visión. “Después que perdemos la visión, nos queda pretender y disfrazarnos de espiritualidad para satisfacer nuestro ego, y más aún, porque no queremos perder la posición o el título que llevamos ante el hombre”.
El mismo Sr. DeGolyer relata que luego se dio cuenta de su desvío “me encontré deslizándome fuera del lugar donde yo era un simple hijo de Dios enamorado de Jesús a construir este gran ministerio”. Lamentablemente, muchos ministros no regresan a su primer amor como hizo él, y se quedan envueltos en el ministerio. Volver los ojos a la relación con Dios es fácil, cuando primeramente se ha creado una íntima relación con El. La experiencia del Sr. DeGolyer es un buen ejemplo de lo importante que es tener una relación con Dios antes de entrar en cualquier ministerio. La relación con Dios debe profundizarse primero antes de pertenecer a un ministerio. Esta fue la razón de porque al Sr. DeGolyer le fue fácil regresar a la relación y no perderse en el ministerio. Ahora, si empezamos un ministerio sin antes haber establecido una íntima relación con Dios, tanto el ministerio como nuestra vida cristiana están en peligro. David, antes de ser rey, tenía una íntima relación con Dios. Dios conocía el corazón de él. Las Escrituras nos dicen que David tenía un corazón conforme a Dios (Hechos 13:22).  Adoraba a Dios con sus instrumentos, pero primeramente con el instrumento del corazón. Se enfrentó al gigante Goliat, no porque creía en su propia fuerza, sino porque sabía quien era el Dios de Israel, lo conocía íntimamente. Ese celo hacia Dios le hizo sentir coraje contra el ejército de Israel por la falta de confianza de que Dios le iba a dar la victoria sobre los filisteos.  Le tuvieron miedo al gigante. Luego tuvo coraje aún más con Goliat por insultar al Dios de los ejércitos de Israel (1 Samuel 17).  Ahí se manifiesto la íntima relación que David tenía con su Dios. No había en el miedo ni temor.  Había sólo confianza y seguridad. Esto sólo se deriva al tener una intimidad firme con alguien. La cercanía de David con Dios comenzó mucho antes de su llamado, su ministerio y su reinado.
Muchos ministros se relacionan con la iglesia por el prestigio de una posición eclesiástica y no por el interés de conocer a Dios, mucho menos de tener una relación con El. El corazón de ellos está alejado de Dios. Debido a su falso llamado, vemos a muchos ministros caer en pecado fácilmente. La verdadera intención de ellos, no era acercarse a Dios, sino crear una imagen de cercanía a Dios. Con eso cuidaban su imagen de santidad pero su corazón estaba atado al orgullo y su único interés era su imagen. De esos son los que el Señor Jesús hablaba cuando nos hablaba de los falsos pastores y pastores asalariados. Sus obras siempre salen a la luz, reflejadas en el pecado. Esto no debe ser motivo de asombro porque El Señor mismo nos habla de los diferentes lugares donde cae la semilla. Una semilla cae en tierra buena y otra en tierra mala. La que cae en tierra buena dará buenos frutos y la que cae en mala tierra, no va a dar frutos durables. “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Saúl, primer rey de Israel es un ejemplo de esto. El no quería perder el prestigio con los hombres. Saúl prefería complacer al hombre, satisfacer los deseos de su ejército antes que obedecer a Dios. Les daba más importancia a ellos y a su opinión que a la opinión y mandato de Dios. Basado en el comportamiento de Saúl, era indiscutible que le interesaba más su reputación frente al pueblo que su relación con Dios (1 Samuel 15:24). Saúl es un ejemplo vivo de un cristiano sin relación con su Creador. Siempre que hablaba con el profeta Samuel referente a Dios, le decía “háblale a tu Dios”. Saúl valoraba su reinado y nunca estableció una relación de intimidad con Dios. Como consecuencia a esto, se le hacia fácil desobedecer a Dios ya que no existía una intimidad con El. Sus prioridades eran manifestadas en sus decisiones y en sus frutos.
Contrario a Saúl tenemos a David.  La Biblia nos señala que cada uno de estos reyes pecó. Saúl en continua desobediencia a las órdenes de Dios y David en su adulterio y en su asesinato. Cuando Saúl fue confrontado por el profeta Samuel por su pecado, sus palabras fueron “he pecado; hónrenme ahora, por favor ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel, y vuelvan conmigo…” (1 Samuel 15:30). Contrario a Saúl, David, el sucesor de Saúl, al ser confrontado por el profeta Natán por su pecado (2 Samuel 12:1-14) lo que le preocupaba no era su trono sino su relación con Dios (Salmo 51). Por lo tanto David fue perdonado porque busco restaurar la relación con Dios mientras que Saúl fue rechazado porque buscó la restauración del trono.
Abraham, otro hombre en la Biblia, por su fe es llamado “el padre de la fe”.  Abraham desarrollo una relación de intimidad con Dios. No podemos decir tener fe en Dios si no establecemos una relación con El primero. No podemos obedecer genuinamente a alguien sin que exista una cercana relación con la persona.  Esto no se refiere a la obediencia a los jefes, lo cual es una obediencia condicionada. Más bien a la obediencia por amor y respeto. Abraham ofreció a Isaac en el altar. Isaac es un ejemplo de bendición y ministerio. Isaac era el hijo de la promesa.  Abraham lo ofreció en el altar como Dios le indico. ¿Cree usted que Abraham hubiera puesto a Isaac en el altar, como obediencia a Dios, sino hubiera tenido una íntima relación con Dios? ¿Lo haría usted si Dios se lo ordenara?  Nuestras decisiones en las pruebas revelan la magnitud de nuestra relación con Dios y la altura de esta relación. Génesis 22:3-10 habla de todo lo que Abraham tuvo que preparar, ordenar y arreglar para llevar acabo la ordenanza de Dios y traer a Isaac al altar. Esta caminata no fue de un día. La Biblia menciona que al tercer día alzo Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos. Como madre puedo imaginar lo que estaba sufriendo el corazón humano de Abraham. No se hace mención en la biblia que Abraham le conto la encomienda de Dios a Sara. Abraham estaba sufriendo la encomienda solo.  Su confianza estaba puesta en Dios. Isaac era el corderito que su padre llevaba al matadero.  Este pasaje es mencionado porque muchas veces cuando Dios nos manda una prueba, oramos para que la prueba pase rápido. A veces quisiéramos dormir el tiempo de la prueba para no sentirla. La palabra nos muestra como Abraham vivió cada momento de su prueba y la vivió con decisión y descanso. Abraham sabía en su corazón, porque tenía intimidad con Dios, que El iba a proveer de un cordero, que no iba a ser su hijo. Abraham le creía a Dios y en la promesa que Dios le había dado sobre su hijo Isaac. Abraham le dijo a sus siervos en Génesis 22:5“…esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros”. ¡Que palabra de fe y de confianza dicha por el siervo de Dios! Esa seguridad solo se alcanza cuando existe una unión con el que promete.  Dios le prometió a Abraham que su descendencia, por el pacto, iba a ser como la arena del mar. Abraham creyó y creyó con el corazón. Su fe en Dios le concedió el titulo de padre de la fe. Abraham amaba a Isaac pero más amaba su relación con Dios.  
Otros ministros empiezan bien, como nos habla Jim DeGolyer de su experiencia personal. Estos ministros comienzan con una visión ligada a la de Cristo pero en el transcurso del camino se desvían de la visión. A veces lo que sucede con estos hombres llamados por Dios, es que aun no han crucificado su YO. “No podemos encontrar la plenitud de la voluntad de Dios hasta que no permitamos que nuestro YO y MI mueran en la cruz” (TiempoDeVictoria).  Cuando nos desviamos de la visión podemos aun caer en la apostasía. Nuestro corazón se puede ensoberbecer de tal manera que se nos hace difícil, o aún más hasta ya no podemos regresar al Camino. Es muy importante que todo ministro primeramente desarrolle una intima relación con Dios mucho antes de empezar el ministerio. Ministerio sin intimidad con Dios significa fracaso. Seriamos címbalo resonante. Fuera de la Vid los frutos no pueden producirse.  De acuerdo al Sr. DeGolyer, para una persona llegar a ser un buen discípulo debe haberse primero enamorado de Jesús. “El tiene que percibir la belleza de la vida que hay en Jesús y lo que ésta nos ofrece para que él no quiera nada más”. Los discípulos de Jesús, no solo aprendían del Maestro, sino que experimentaron vivir con Cristo. Pablo en Filipenses 3 considera todo lo que había adquirido anteriormente como perdida por el conocimiento de Cristo. Para Pablo, conocer a Cristo fue más importante que todo lo que obtuvo antes de ese encuentro. Consideró su conocimiento vano y sin importancia al decir “y lo tengo todo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). Cuando Pablo tuvo un encuentro con “el Mesías”, el Mesías pasó de ser una teoría a algo viviente.
El liderazgo de la iglesia tiene una gran responsabilidad cuando enseña a los nuevos creyentes. La falta de conocimiento que la iglesia actual tiene de Jesús se debe primeramente al enfoque a lo didáctico que en llevar a los nuevos creyente a tener una experiencia viva con Jesús. Muchas iglesias enseñan mucho conocimiento teológico y se olvidan de enseñar la importancia de la íntima relación con Dios y lo que ésta conlleva. Muchas ideas erróneas han surgido por la falta del conocimiento de Cristo y su sacrificio en la cruz. Escasamente se escucha predicar de Jesús y de la sangre de Cristo. La sangre de Cristo no es un tema de prioridad en las predicaciones y estudios de la iglesia actual. Los nuevos creyentes deben ser instruidos en el conocimiento de Cristo, el significado de la cruz y de la sangre de Cristo,  y de la importancia de la intimidad con El. Por la falta de conocimiento de Cristo la iglesia perece.
En las iglesias se le da mucho énfasis a la socialización de tal manera, que esta toma precedente en la vida del cristiano. Cristo y su sacrificio en la cruz dejan de ser el tema principal. Es importante recordar que aún la bendición más grande de este mundo no es más que basura comparada con la excelencia de tener una intimidad con Dios. No debemos permitir que el ministerio tome precedente a la intimidad con Dios. Es bueno recordar, sin intimidad con Dios el ministerio fracasara.

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